MUERE MUSTAFA KEMAL ATATÜRK (10 NOVIEMBRE 1938)

      Para quien desconozca quien es este personaje, Mustafa Kemal Atatürk, hay que empezar diciendo que figura en los libros y enciclopedias como el fundador del actual Estado turco, de la actual República de Turquía, y el que le dio los signos de identidad política, social y cultural.
     Precisamente por eso en las últimas semanas la prensa ha vuelto a recordar su nombre con insistencia en asuntos relacionados con este país porque el actual gobierno, de tendencia islamista moderada (se define a sí mismo como democrático y conservador), ha modificado no solo algunas disposiciones que venían de la época de nuestro personaje sino que, con este motivo, se ha reformado parte del espíritu político y social que desde hace casi 90 años venía rigiendo la vida de este país. Y que se caracterizaba básicamente por dos referentes: (1) laicismo y secularización total en el ámbito público y (2) un encendido nacionalismo, que suponía el aplastamiento de las minorías que viven en Turquía, especialmente la kurda.
     El actual gobierno, por una parte, ha avanzado en una mayor islamización mientras que, por otra, se ha abierto un poco (unos dicen que mucho, otros que casi nada) a la tolerancia de las minorías, en especial la citada kurda. Un detalle aparentemente pintoresco pero con un determinada carga social ha sido la despenalización del uso de letras como la “q”, la “x” y la “w”, que no existen en el alfabeto turco pero sí en el kurdo. De entre las que más resonancia pública ha producido han sido la autorización a todas las mujeres que trabajan para el Estado y lo deseen, con la excepción de las jueces y fiscales y de las que pertenezcan a cuerpos uniformados como la policía y el Ejército, poder acudir a su lugar de trabajo llevando el velo islámico, algo que hasta ahora estaba prohibido. Y lo mismo para las universidades. También han liberado a todos los jóvenes que cada día en la escuela debían comenzar la jornada con un juramento que empezaba con esta proclama: "Soy turco, honesto y trabajador”.
     (Estas decisiones son aparentemente simples pero tienen un marcado cambio de dirección, que, como es natural en un estado democrático, no todas las fuerzas sociales y políticas comparten. Y así lo han manifestado).

    Mustafa Kemal Atatürk nació en Tesalónica, hoy ciudad griega pero entonces perteneciente el imperio otomano, en marzo de 1881. Estudió la carrera militar y, como tal, participó en las dos guerras que el Imperio protagonizó en ese tiempo, con Italia y posteriormente con los imperios centrales dentro de la Primera Guerra Mundial, en la batalla de Galípoli o de los Dardanelos, en 1915, que acabó con una victoria turca aunque dicho resultado no pudo evitar la derrota final. Fue en esta batalla donde labró su fama como brillante jefe militar y se convirtió en héroe nacional, otorgándosele el título de Paşa (comandante). Junto a su faceta militar, siempre anduvo mezclado con los movimientos nacionalistas, lo que le supuso algún problema en su carrera.
     Derrotado el imperio otomano como los restantes imperios centrales, las tropas aliadas ocuparon Estambul y el 30 de octubre de 1918 lograron la rendición del gobierno. Una comisión interaliada comenzó a regir la capital otomana y el imperio turco quedó desmembrado, manteniéndose, más como símbolo que como otra cosa, el sultán que lo había venido rigiendo y que acabó firmando la rendición y los propósitos aliados. Quedaros desligados territorios que habían pertenecido al Imperio, Bulgaria, por ejemplo, mientras la presencia extranjera se extendía prácticamente por todo el país. Esta situación fue exacerbando poco a poco el sentimiento nacionalista, al tiempo que crecía un rechazo cada ver mayor lo que significaba el Imperio y a su máximo representante, el sultán Mehmet VI por consentir la ocupación de la capital por parte de los aliados y firmar el Tratado de Sèvres, que reconocía el control griego sobre algunas partes de Anatolia. A ello se unió la ocupación griega de Izmir (Esmirna) en mayo de 1919, lo que llevó a Mustafa Kemal a planificar la organización de un movimiento de resistencia, que sería la base de Guerra de Independencia Turca.
     De esta manera, con la excusa de inspeccionar las tropas, se dedicó a ir de un sitio a otro estimulando el nacionalismo y no haciendo caso, con unas u otras excusas, a los aliados que trataban de evitar la consolidación de este movimiento. Kemal fue condenado a muerte pero no hubo quien lo llevara a cabo. Al contrario, comunicó a la nación su decisión de convocar en Ankara una Asamblea Nacional alternativa al Imperio invitando a todos los diputados a reunirse en Ankara, poniendo como pretexto que era para mantener el régimen del sultanato-califato pero llegando a establecer en la práctica un gobierno provisional en Ankara en abril de 1920.
    Al mismo tiempo y como respuesta a la invasión griega, iban apareciendo por todo el país asociaciones anti-ocupacionistas y de defensa de los derechos del pueblo turco que lo eligieron como líder político y militar. Así se llevó a cabo la “Guerra de la independencia” o “Guerra de Liberación” en la que Grecia fue derrotada y se estableció definitivamente el actual territorio de acuerdo con el tratado de Lausana.
    El 1 de noviembre de 1922 se abolió el sultanato (y con ello el Imperio Turco). El 29 de octubre de 1923 se proclamó la República y el 20 de abril de 1924 se aprobó una nueva constitución con Mustafa Kemal Atatürk como presidente del nuevo país.
En su calidad de tal introdujo una variedad de reformas de gran alcance con vistas a crear un Estado moderno, democrático y secular. En política económica impulsó la modernización e industrialización del país, y en cuestiones de política interior marginó a las minorías griega y kurda en aras de la unicidad étnica turca. Reelegido presidente en 1927, 1931 y 1935, en 1934 la Asamblea Nacional le concedió el título de «Atatürk» o «Padre de los turcos». Falleció el 10 de noviembre de 1938, a los 57 años.
   Su legado quedó como signo de identidad turca. Su presencia es constante y sobreabundante en todos los rincones del país.

   Para el lector interesado, se adjuntan dos notas-resumen. Una especifica con más detalle el diseño político y social que Mustafa Kemal Atatürk hizo de Turquía y, después, una breve historia de lo que supuso el Imperio Otomano.

1. diseño político y social

    La interpretación más común sobre lo que en realidad diseñó para Turquía fue un modelo de Estado democrático al estilo occidental. Partiendo del convencimiento de que el pueblo turco tiene su propia identidad y en ningún caso representa el pensamiento y la cultura árabe e islámica sino que ésta le vino sobrevenida por diversas circunstancias históricas, trató de liberarlo de esa carga ideológica. Una cosa es el Islam y la cultura árabe y otra, vino a decir, lo turco, la esencia y existencia turca. Kemal creía que el secularismo y la "europeización" de Turquía eran los medios más aptos para transformar su país en una nación industrial moderna. Y desde esta premisa promovió un sistema político, social y administrativo paralelo a lo que se hace en Occidente aunque con referencia nacionalista a lo turco, que quedó reflejado en la Constitución de 20 de abril de 1924 y disposiciones que lo fueron desarrollando. Mientras adopta el calendario occidental gregoriano y sustituye el alfabeto árabe por el latino, declara ilegales las letras que, perteneciendo al idioma kurdo, no están en el turco.
     Se puede resumir esa posición en dos principios fundamentales: el laicismo del Estado y la imposición de todo aquello que se entienda que pertenece a “lo turco”, que constituye su tradición, historia e idiosincrasia. Pero es de resaltar la igualdad de derechos y oportunidades para las mujeres turcas en una época en la que todavía había países occidentales que restringían determinados derechos como, por ejemplo, el voto. Los historiadores recuerdan que “Turquía tendría el honor de tener el primer miembro femenino de un Tribunal Supremo en el mundo”.
     Como concreción puede valer el siguiente listado que, con más o menos datos, aparece en enciclopedias y en artículos de todo tipo:

* Cierre de las escuelas religiosas (las madrazas) y abolición de la sharía (ley religiosa).
* Imposición de la vestimenta occidental y prohibición de los velos musulmanes.
* Se introduce un nuevo Código Civil basado en el suizo. Código que termina con la poligamia y el divorcio por repudio, introduciendo el matrimonio civil.
* Elaboración el primer censo de población
* Las llamadas a la oración y las recitaciones públicas del Corán deberán hacerse en turco en vez de en árabe.
* Se introducen los apellidos en sustitución del nombre único de tradición árabe. Mustafa Kemal adoptó el de Atatürk, padre de los turcos, transformando en apellido lo que le había sido concedido como homenaje.
* El domingo quedó como día de descanso.
* Promovió el estudio de las primeras civilizaciones anatolias, como los hititas, frigios, y lidios, y la cultura preislámica propia del pueblo turco.
* Impulsó el folclore y las tradiciones ancestrales del país.
* Como contraste con la posición islámica, que no permite representar figuras humanas, creó escuelas de artes plásticas y visuales.

    El debate que en este momento está vigente en Turquía es si las reformas que el partido en el gobierno tiene, implican subrepticiamente un proyecto político y social de vuelta a la islamización, lo que supondría un retroceso de casi cien años. Los que lleva el mensaje y el diseño que Atatürk impulsó e impuso y que desde entonces es el signo de identidad del pueblo y del Estado turco.

2. breve historia de lo que supuso el Imperio Otomano

    El Imperio Otomano, el “turco” para la Cristiandad, (no hay que olvidar, por ejemplo, la batalla de Lepanto, “la más alta ocasión… que dijo Cervantes) fue un Estado que, tras comenzar siendo uno de los países más pequeños de los que poblaron Asia Menor (en el actual territorio de Turquía) fue dominando y conquistando a sus vecinos hasta transformarse en uno de los grandes imperios que se han dado en el mundo.
    Estos turcos otomanos vinieron, aseguran los historiadores, desde las estepas de Asia Central donde se dedicaban a la ganadería (sobre todo de caballos) y al comercio, siendo casi nómadas, y, aunque al principio colaboraron con otra etnia dominante, la dinastía selyúcida, fueron controlando paulatinamente a los demás estados hasta que hacia mitad del siglo XV bajo el reinado de Mehmed II (1451-1481) acabaron con lo que quedaba de esa dinastía, que había ido cayendo en decadencia hasta construir esa gran entidad política, social y económica. Su historia de triunfos y progreso se inicia con el segundo sultán, Orhan I (1324-1360) y fue definitiva la conquista de Nicea en 1331, que sirvió para tener una capital y poder organizar un sistema administrativo. Desde entonces hasta el final treinta y seis sultanes rigieron su devenir histórico.
     El Imperio otomano fue asumiendo poco a poco el papel de representante del mundo árabe y de su cultura y hasta de su religión. Basta fijarse cómo su líder, el que al principio era solo sultán, va adquiriendo diferentes rangos que se reflejan en los títulos que va acaparando, como Soberano de la Casa de Osmán, sultán de sultanes, Khan de Khanes, y desde 1517 en adelante, "comandante de los creyentes" y "sucesor del Profeta (Mahoma) del Señor del Universo", es decir, califa, y el imperio era sinónimo del califato, el Estado Islámico. “Numerosos rasgos y tradiciones culturales de éstos (en campos como la arquitectura, la cocina, el ocio y el gobierno) fueron adoptados por los otomanos, que los elaboraron en nuevas formas. Estos rasgos culturales más tarde se mezclaron con las características de los grupos étnicos y religiosos que vivían dentro de los territorios otomanos, creando una nueva y particular identidad cultural otomana. Por ello, el imperio otomano se puede considerar el sucesor islámico de los antiguos imperios clásicos y su especial posicionamiento entre Europa y Oriente determinó sus relaciones internacionales y muchos de sus rasgos culturales”.

    El imperio empezó a extenderse por Europa, lo que propició que se pusieran en marcha cruzadas cristianas, por cierto sin éxito final; tuvo enfrentamientos con los mongoles de Tamerlan; y acabaron conquistando Constantinopla, que era la capital de otro imperio vecino, el Bizantino, tras ocho semanas de asedio. El Imperio Otomano trasladó su capital a esta ciudad, a la que llamó Estambul, en 1453, fecha que se suele citar como el final de la Edad Media. En su máximo esplendor, entre los siglos XVI y XVII llegó a expandirse por tres continentes: Sureste Europeo, el Medio Oriente y llegando hasta el norte de África. (Todavía a principio del siglo XIX el Imperio todavía comprendía toda la península de los Balcanes, Anatolia y el mundo árabe desde Irak hasta el norte de África. El sultán que supuso el punto culminante del Imperio fue Suleimán el Magnífico (1520-1566).
     Aunque la historia de un Imperio como ese es un tejer y destejer continuamente, se puede afirmar en forma de resumen que a partir del siglo XIX el Imperio empezó a desintegrarse poco a poco. Territorios que estaban bajo su dominio comenzaron a conseguir la independencia: el incremento de los nacionalismos que llevaban tiempo dentro y no habían perdido su identidad, como, por ejemplo, Bulgaria, que la consiguió tras la guerra con Rusia; la presencia con cada vez más fuerza de minorías religiosas y étnicas como los cristianos ortodoxos griegos y armenios, fueron permitiendo ese desmembramiento. Conviene matizar que, entre otros motivos, por su extensión y su historia, el Imperio integraba multitud de etnias, culturas y religiones lo que lo hacía muy difícil de gestionar.
     Su participación en la Primera Guerra Mundial le daría el golpe mortal. El imperio bajo la dirección de un sultán fue abolido el 1 de noviembre de 1922, mientras el califato lo fue un año después. La República de Turquía como sustituta del Imperio fue fundada el 23 de octubre de 1923.

    Su último sultán con cierto poder político y con que propiamente finalizó el imperio fue Mehmet VI. Hacía el número trigésimo sexto y había sido coronado el 4 de julio de 1918 y, aunque en ese momento el imperio, como suele ocurrir, ya estaba en claro ocaso, cometió algunos errores políticos que aceleraron el final. El más significativo y, tal vez, torpe fue permitir que un grupo o partido nacionalista y de alguna manera reformista, integrado en sus altos niveles orgánicos por militares jóvenes (a los que luego la historia ha acabado denominando “los Jóvenes Turcos”) que ya venían desde hacía unos quince años tratando de ser los principales protagonistas del Imperio, le marcaran la hoja de ruta. Fue en ese momento cuando se produjo el que casi todo el mundo denomina “genocidio armenio”, operación genocida en la que se deportaron en las peores condiciones posibles, se dice, que hasta dos millones de armenios, que en realidad fueron exterminados por la brutalidad de las marchas forzadas, circunstancias que aprovecharon también contra otras minorías. La fecha del comienzo del genocidio se conmemora el 24 de abril de 1915, el día en que las autoridades otomanas detuvieron a 235 miembros de la comunidad de armenios en Estambul.
   (Las discusiones sobre este genocidio han sobrepasado todo lo imaginable. El actual gobierno turco, aunque reconoce las masacres, niega que fuese un genocidio porque, dice, las muertes no fueron el resultado de un plan de exterminio masivo, sistemático y premeditado dispuesto por el Estado otomano, sino que se debieron a las luchas interétnicas, las enfermedades y el hambre durante el confuso periodo de la Primera Guerra Mundial. Tan firme está en esa posición que hablar en Turquía de genocidio es un delito y bien pueden preguntárselo al permio Nobel de literatura Orhan Pamuk, que acabó en la cárcel.
    Fuera del país, aunque hay opiniones diversas sobre métodos, número de afectados, testimonios de testigos y de historiadores, etc., la impresión que produce el acercamiento al tema es que es prácticamente universal el reconocimiento del genocidio y hasta se lo considera por lo general el primer genocidio sistemático moderno –el segundo sería el Holocausto judío-. Sorprendente es la tensión que produce el tema en algunos países en los que negarlo se considera falta o delito: así Francia o Suiza donde hay leyes expresas para este tema. Veinte países y 42 de los estados USA han aprobado mediante resoluciones de carácter formal el reconocimiento del genocidio armenio como un acontecimiento histórico. En general, los historiadores occidentales coinciden en que el genocidio tuvo lugar.)
     El otro error, esta vez además definitivo del sultán, fue ceder a la presión de los referidos “Jóvenes turcos” para que entrara en la Segunda Guerra Mundial a favor de los imperios centrales y, aunque al principio su ejército obtuvo una brillante triunfo en la península de Galípoli, junto al Bósforo, (batalla en la que, como se ha dicho, comenzó la historia gloriosa de nuestro personaje A Mustafa Kemal Atatürk), dicha contienda acabó con el imperio. Mehmet acabó firmando la disolución de su Estado y, aunque fue mantenido un tiempo en Constantinopla por las fuerzas aliadas, que se oponían a Atatürk, el sultanado fue abolido y el 1 de noviembre de 1922 se marchó al exilio en Malta. La dinastías siguió en el exilio un poco de tiempo paro ya era, como se dice en estos casos, una figura de cartón-piedra.

     Los nacionalistas turcos molestos por las cesiones del sultán y en lucha contra él y lo que él significaba como Imperio Otomano, habían constituido, con capital en Ankara, que aún lo sigue siendo, una nueva Asamblea Nacional Turca, bajo el liderato de Mustafa Kemal Atatürk. El 23 de abril de 1923 se aprobó una nueva constitución.

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